Un Llamado Urgente

A lo largo de mi vida ministerial y trabajando la moyoria del tiempo con personas en ministerio o preparación de la vida ministerial. Una de las preguntas que más resuenan en mi pensamiento es quienes serán los próximos pastores y líderes. Una de las responsabilidades más sagradas de la iglesia es preparar a quienes continuarán la obra del Reino de Dios. Cada generación recibe el evangelio como un tesoro, pero también como una mayordomía: no solo debemos conservarlo, sino transmitirlo con fidelidad y pasión.

La Escritura deja claro que el liderazgo espiritual nunca fue diseñado para caminar solo. Dios siempre ha obrado mediante relaciones de mentoría, acompañamiento y delegación intencional. La Importancia de Modelar y Discipular a la Próxima Generación de Pastores: Pasando la Antorcha del Llamado

En el corazón del ministerio pastoral late un mandato divino que trasciende el presente: no solo pastorear el rebaño que Dios nos ha confiado hoy, sino preparar con intencionalidad y urgencia a quienes llevarán la antorcha del Evangelio mañana. Modelar y discipular a la próxima generación de pastores no es una opción sentimental ni un proyecto opcional; es una obediencia bíblica esencial para la continuidad del Reino, la fidelidad generacional y la gloria de Dios. Tal como lo hicieron Moisés con Josué, Elías con Eliseo y el apóstol Pablo con Timoteo y Tito, los pastores de hoy estamos llamados a vivir el discipulado como un acto de mayordomía sagrada.

 Cuando entendemos esto, comprendemos también que hay un “tiempo perfecto” para pasar la antorcha, un kairos divino que no podemos apresurar ni retrasar sin consecuencias eternas.
Por qué es vital modelar y discipular: el mandato bíblico de la multiplicación generacional.
La Escritura revela que Dios siempre ha pensado en generaciones. El Salmo 145:4 declara con claridad profética:
“Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos” (Salmos 145:4, RVR1960).

Esta no es una sugerencia poética; es el diseño divino para que la fe no se extinga. Cuando un pastor solo mira su propio ministerio, está viviendo en miopía espiritual. El discipulado intencional es la estrategia de Dios para que la obra no dependa de un hombre, sino que se multiplique en hombres fieles.
El apóstol Pablo lo expresa con precisión militar y agrícola en su última carta a Timoteo:
“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2, RVR1960).

Aquí vemos cuatro generaciones en una sola frase: Pablo a Timoteo, a hombres fieles y a otros. Esta es la cadena que impide que el Evangelio se pierda. Pablo no solo enseñó doctrina; modeló carácter, sufrimiento, fidelidad y pasión por Cristo. Timoteo no era un proyecto secundario; era su “hijo amado en la fe” (1 Timoteo 1:2). Lo mismo ocurrió con Tito, a quien Pablo dejó en Creta para “poner en orden lo que faltaba” (Tito 1:5). El discipulado no es un programa de liderazgo; y acompañamiento espiritual.

Moisés entendió esto en el desierto. Cuando Dios le reveló que no entraría en la tierra prometida, no se aferró al liderazgo con celos. Oró por un sucesor y Dios le señaló a Josué, “varón en el cual hay espíritu”. La escena de la comisión es poderosa:
“Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él… y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca” (Números 27:18, 20, RVR1960).
Moisés no solo traspasó autoridad; transfirió unción y dignidad. El resultado se ve en Deuteronomio 34:9:
“Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron”.
Josué no surgió de la nada; fue modelado por cuarenta años al lado de Moisés, viendo cómo hablaba con Dios cara a cara, cómo intercedía por un pueblo rebelde y cómo obedecía aunque le costara la entrada a Canaán.

Elías y Eliseo nos muestran el discipulado como seguimiento radical. Eliseo dejó arado, bueyes y familia (1 Reyes 19:19-21) para servir a Elías. Cuando llegó el momento de la partida, Eliseo no pidió ministerio, posición ni herencia material; pidió “una doble porción de tu espíritu” (2 Reyes 2:9, RVR1960). Vio a su mentor ser arrebatado en un carro de fuego y recogió el manto caído. Golpeó las aguas del Jordán con el mismo manto y clamó: “¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?” Las aguas se dividieron. El sucesor no solo imitó; recibió la unción multiplicada porque había estado cerca, observando, sirviendo y anhelando más de Dios.
Estos ejemplos no son anécdotas históricas. Son patrones divinos. Cuando los pastores de hoy no modelan ni discipulan, creamos vacíos que el enemigo llena con carnalidad, doctrina barata o liderazgo secular. La iglesia no muere por persecución externa; muchas veces muere por falta de sucesión interna.

Cómo identificar el “tiempo perfecto” para pasar la antorcha
Como pastores y mentores, no podemos pasar la antorcha por presión, nostalgia o jubilación cronológica. Debe ser un kairos, el momento oportuno de Dios. 

¿Cómo discernirlo?

1. Cuando el Espíritu confirma el llamado y la madurez del discípulo; Dios mismo le dijo a Moisés: “Toma a Josué… varón en el cual hay espíritu”. No fue una encuesta de popularidad. Fue revelación divina. Como pastores y mentores, debemos orar y observar: ¿Muestra el joven pastor fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23)? ¿Maneja la Palabra con precisión (2 Timoteo 2:15)? ¿Tiene carácter probado en lo pequeño (Lucas 16:10)? Pablo esperó a que Timoteo probara su fidelidad en viajes misioneros antes de escribirle las epístolas pastorales.

2. Cuando el discípulo ya está ejerciendo el ministerio con autoridad propia. Eliseo no pidió el manto; ya servía. Timoteo ya predicaba y corregía iglesias. Cuando el joven pastor comienza a “ser ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12, RVR1960), aunque sea joven, es señal de que Dios lo está levantando. No esperemos a que sea “perfecto”; esperemos a que sea fiel.

3. Cuando el pastor o mentor siente en su espíritu que su temporada está culminando debe hacerlo saber. Pablo lo expresó con sobria claridad; “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:6-7, RVR1960). No fue depresión; fue discernimiento. El pastor maduro percibe cuando Dios lo llama a otro nivel (oración de intercesión, escritura, mentoría a mayor escala) o cuando su salud, energía o unción indican que es tiempo de soltar. El celo por el Reino debe superar el apego al púlpito.

4. Cuando hay confirmación comunitaria y multiplicación visible en el ministerio de ese líder que se levamnta. La congregación obedeció a Josué porque vio la unción. Los hijos de los profetas reconocieron que “el espíritu de Elías reposa sobre Eliseo” (2 Reyes 2:15). La iglesia local, los ancianos y otros mentores deben confirmar: “Este es el hombre”.

5. Cuando el mentor está dispuesto a soltar con gozo, no con amargura, si no reconociendo su tiempo hace lo correcto, pasar la antorcha. Moisés no murió resentido; bendijo a Josué. Elías no se llevó el manto; lo dejó caer. Pablo no manipuló a Timoteo desde la cárcel; lo liberó para que volara. El pastor que se aferra al control revela que su identidad está en el título, no en Cristo.

Seamos fieles en pasar lo que recibimos del Señor. Pastores, el llamado que recibimos no es nuestro; es de Cristo. Lo recibimos de aquellos que nos precedieron y lo debemos entregar multiplicado. Modelar a Cristo con transparencia, discipular con paciencia y pasar la antorcha en el tiempo perfecto de Dios es uno de los legados más poderosos que podemos dejar.Que el Espíritu Santo nos dé sabiduría para identificar a nuestros Josué, Eliseo, Timoteo y Tito. Que nos libre del espíritu de Saúl que rechazó a David por celos. Y que, cuando llegue el día de soltar el manto, podamos decir como Pablo: “He acabado la carrera… y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.

La antorcha arde. ¿A quién se la estás pasando tú?

Por: Victor Lopez Acosta

Director de la Region del Caribe

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