Paralelos entre la agricultura y el ministerio

Rev. Kent Norr (pastor principal, Pettisville Missionary Church; miembro del GOC)

Rev. Kent Norr (pastor principal, Pettisville Missionary Church; miembro del GOC)

En la pared de mi oficina cuelgan varios letreros agrícolas antiguos. Letreros de semilla de maíz. Letreros de alimento para ganado. Y letreros de maquinaria agrícola.

 La razón de esta colección es que crecí en la granja lechera de mi familia.

 De niño, me encantaba vivir y trabajar en la granja. A los 5 años ya alimentaba a los becerros. A los 9 años ordeñaba vacas. A los 10 manejaba tractores y trabajaba los campos con grandes implementos de labranza. Aprendí mucho sobre la agricultura, la familia y la fe.

 Durante la preparatoria participé activamente en los clubes agrícolas juveniles 4-H y FFA. (Los deportes no eran lo mío, y era demasiado bajo de estatura para jugar baloncesto, que era el deporte más importante en el estado de Indiana).

 Cuando me gradué de la preparatoria, me uní de tiempo completo al negocio agrícola de la familia. Daba por hecho que sería mi carrera de por vida. Pero cuando cumplí 25 años, Dios me reveló otro plan: me llamó al ministerio cristiano de tiempo completo. Como Eliseo, “quemé mis bueyes y mi arado” y seguí el llamado de Dios (1 Reyes 19:21). Mi papá y yo vendimos el hato lechero y dejamos de cultivar. Pasé los siguientes cuatro años estudiando Ministerios Pastorales en Taylor University, en Fort Wayne.

 Durante los últimos 27 años, Dios me ha dado la oportunidad de servir como pastor en la Iglesia Misionera. Me ha asombrado ver los paralelos entre la agricultura y el ministerio. Hay más similitudes de las que uno podría pensar.

 Aquí están solo algunas…

 #1 – LA LLUVIA CAE SOBRE JUSTOS E INJUSTOS (Mateo 5:45)

 Dios no favorece a los agricultores cristianos por encima de los que no lo son. Los agricultores cristianos también pueden sufrir inundaciones (demasiada lluvia) y sequías (muy poca lluvia). De hecho, puede haber ocasiones en que el agricultor que no es creyente obtenga una mejor cosecha de maíz que el agricultor cristiano.

 Lo mismo sucede en el ministerio. No hay favoritismo ni bendición especial de Dios para los líderes ministeriales cristianos. Debemos hacer el trabajo arduo de pastorear, predicar, orar, evangelizar, hacer discípulos, apoyar las misiones, plantar iglesias, etc. Y los resultados pueden ser diferentes de lo que esperábamos o deseábamos.

 #2 – LOS 4 TIPOS DE TERRENO REPRESENTAN EL CORAZÓN DE LAS PERSONAS (Mateo 13:1-8)

 No todo terreno es bueno para cultivar maíz, soya y trigo. Algunos suelos son tan secos que solo pueden dar un cactus. Otros están tan saturados de agua que siguen siendo un pantano. Y otros son tan ricos en nutrientes que producen una cosecha abundante.

 Lo mismo sucede en el ministerio. Las personas responden al evangelio de maneras diferentes. Algunas lo rechazan. Otras lo reciben, pero luego se ven ahogadas por las cosas de este mundo. Y otras reciben el evangelio, crecen en Cristo, alcanzan a otros y producen una cosecha abundante para el reino de Dios.

 #3 – SE NECESITA PACIENCIA (Santiago 5:7-8)

 El agricultor es paciente. Espera con paciencia a que la tierra se seque después de las lluvias de primavera. Espera con paciencia a que la semilla germine y brote de la tierra. Espera con paciencia la lluvia del verano. Espera con paciencia a que las plantas crezcan, se polinicen y maduren. Espera con paciencia a que el cultivo se seque para la cosecha.

 Lo mismo sucede en el ministerio. Se necesita paciencia para que las personas lleguen a la fe en Jesucristo. Se necesita paciencia para enseñar y ayudar a los creyentes a madurar. Se necesita paciencia para identificar, formar y equipar líderes. Se necesita paciencia para orar y levantar nuevos obreros para la mies. El éxito en el ministerio nunca llega de la noche a la mañana.

 #4 – SIEMPRE HABRÁ CIZAÑA (Mateo 13:24-30)

 Una de las mayores frustraciones del agricultor es la maleza. No importa el tipo de suelo, no importa el clima, no importa qué cultivo se siembre: el agricultor siempre tiene que luchar contra la maleza. La maleza le roba al suelo los nutrientes y el agua, y deja poco o nada para el cultivo. Si el agricultor pierde la batalla contra la maleza, no tendrá nada que cosechar en el otoño. (Y aunque logre una pequeña cosecha, en el elevador de granos local le descontarán mucho del precio de venta por causa de la maleza).

 Lo mismo sucede en el ministerio. Siempre habrá “cizaña”. No se trata de maleza física, sino de los intentos del Enemigo por sofocar la vida del ministerio. Habrá calumnias entre creyentes. Habrá idolatría entre cristianos. Habrá miembros de la iglesia que luchen con adicciones pecaminosas. Habrá matrimonios al borde del divorcio. La cultura del mundo atacará los valores bíblicos. Los adolescentes le darán más lealtad a su equipo deportivo que a Jesús y a Su esposa, la Iglesia. Y la lista sigue. Luchar contra la cizaña siempre es parte del ministerio.

 #5 – HAY UNA COLABORACIÓN ENTRE DIOS Y EL AGRICULTOR (1 Corintios 3:6-7)

 En mis días de agricultor, siempre sentí una estrecha colaboración con Dios. Yo preparaba la tierra. Yo sembraba la semilla. Yo fertilizaba los campos. Yo combatía activamente la maleza. Yo levantaba la cosecha en el otoño. Pero nada de eso habría sucedido sin Dios. Dios creó la tierra. Dios hizo germinar la semilla. Dios proveyó el sol de cada día y la lluvia a su tiempo. Dios diseñó la planta para crecer, madurar, polinizarse y producir una cosecha.

 Lo mismo sucede en el ministerio. Es importante que hagamos nuestra parte. Roturamos la tierra endurecida del corazón de las personas. Sembramos la semilla del evangelio. Regamos esa semilla con la verdad de la Palabra de Dios. Pero hay una colaboración con Dios, porque Dios hace lo que nosotros no podemos hacer. Él despierta la conciencia de los que están espiritualmente muertos. Él trae convicción de pecado. Él ofrece Su gracia inmerecida y el perdón de pecados. Él transforma el corazón: lo viejo pasó y todo es hecho nuevo. Él produce la santificación. Él produce la madurez espiritual. Sin Dios, no hay cosecha.

 Sé que muchos de ustedes están activamente involucrados en el ministerio. ¿Me permiten animarlos hoy? Dios los ve. Él sabe que ustedes están haciendo el trabajo arduo de cultivar, sembrar y cosechar. Al mismo tiempo, confíen en que Dios hará Su parte. Pueden confiar en Él para el resultado, porque Él promete en Su Palabra que pueden esperar una buena cosecha, en la que el monitor de rendimiento marque a ciento, a sesenta y a treinta por uno de lo sembrado (Mateo 13:8). Todo esto es para la gloria de Su nombre y el avance de Su reino.

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